EXPERIMENTAMOS CON BICHOS

La mayoría de aprendizajes que pretendo trabajar en esta etapa escolar están fundamentados en una metodología basada en una serie de puntos clave: el juego, el aprendizaje significativo (la utilización de conocimientos previos para construir un nuevo aprendizaje), la socialización, el trabajo cooperativo, atención a la individualidad y a las características de cada niño y niña, la experimentación y la globalización (que los aprendizajes estén conectados entre sí). En pocas palabras, esto es el constructivismo.

La experimentación es, desde mi punto de vista, el centro a través del cual gira todo lo demás. Lo que no se experimenta, lo que no se vive es más difícil aprender.Es la forma más natural de aprendizaje. Y el tutor/a se convierte en un orientador, un guia que facilita espacios, materiales, experiencias, etc.

Este proyecto de bichos y flores se presta a la observación, la manipulación, la experiencia. Y eso es lo que estamos haciendo.

Cada uno de nosotros aportamos los materiales que creamos nos pueden servir, desde libros, películas, insectos, lupas, microscopios… hasta la colaboración de padres y madres en el aula.

Esto es lo que hacemos en clase y así es como  experimentan: comparan tamaños de caracoles, cuentan las patas de los saltamontes, tocan con suavidad las antenas de los caracoles y se rien al notar como las encogen, diseccionan una flor en sus distintas partes,  observan a través de una lupa o  vaso-lupa cochinillas, hormigas , dan de comer a los gusanos de seda, etc

Para fijar estos aprendizajes, un cuento no viene nada mal. Marozia, la madre de Diego nos vino a contar uno de mis libros favoritos, “La pequeña oruga glotona” de Eric Carle. Muchas gracias por tu colaboración, Marozia.

En la página de literatura infantil lo tengo referenciado.

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Y al día siguiente hicimos esta ficha para que secuenciaran temporalmente el proceso de metamorfosis de la oruga en mariposa. No les costó casi ningún trabajo, excepto recortar para algunos, je, je.

Metamorfosis de la oruga_Página_2 Metamorfosis de la oruga_Página_1La semana que viene más…

MI MALETíN CUENTERO

Una de las cosas que más me gustan de mi profesión es contar historias, cuentos, recitar poemas, romances, etc. A veces reales, irreales, imaginarias, fantásticas, de miedo, de hadas, de brujas, de animales. Contar por el placer de contar para que los peques disfruten de escuchar por el placer de escuchar. Sin pretensiones de ningún tipo ni actividades posteriores de colorear, dramatizar, preguntar, etc.

En ocasiones los maestros y maestras tendemos a contar historias para que aprendan algo: unos números, unas letras, una moraleja, un concepto cualquiera; no es que no me gusten estas historias o relatos (lo cierto es que suelen ser un poco aburridos). A mí lo que me gusta es contar y ver como sus ojos  se quedan maravillados  y su expresión atenta a esas historias que son difíciles de creer, pero que tienen una gran hondura.

Pep Bruno, un maravilloso cuentacuentos que he tenido el placer de escuchar, dice algo muy importante: que te cuenten historias, tengas la edad que tengas y ejercer de este modo la gimnasia cuentera. Es importantísimo contar cuentos a los niños y niñas ya que esta escucha activa les va a dotar de otras muchas habilidades, además del momento tan mágico que se crea entre el que cuenta y el que escucha.

Contar   cuentos tiene muchos beneficios, además del gusto por escucharlos:

*Estimulan el hábito lector, si se hace desde pequeños.

*Fomentan la actitud de escucha  y en consecuencia, a ser más pacientes.

*Desarrollan el lenguaje oral.

*Es un bálsamo para los peques y supone un momento entrañable entre el que cuenta y el que escucha.

*Ayudan a estructurar el aprendizaje del tiempo (antes-ahora-después)

*Fomentan la empatía, que consiste en ser capaces de ponerse en el lugar del otro. De esta forma desarrollamos la amistad y el compañerismo.

*Promueven el conocimiento y expresión de las emociones.

* Favorecen el aprendizaje de resolución de conflictos.

* Promueven valores para una mejor convivencia.

Yo personalmente soy partidaria de contar los cuentos populares y tradicionales intentando respetar en la medida de lo posible  la versión original; creo que son más educativos. A los peques les gusta que el lobo sea malo, muy malo…je, je.

Esta Navidad, sus majestades los Reyes Magos de Oriente me han traído un maletín cuentero, que ya tenía muchas ganas de tener y  lo he estrenado en la biblioteca del cole.

El primer día que lo utilicé se creó una pequeña expectación: ¿qué tiene  dentro? ¿Para qué es?

Y esta fue la sorpresa:

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*Una bolsita de “piedras del río para no decir ni pío” (retahila en la que a cada niño y niña se le da una piedrecita que tiene que mantener en las manos en silencio mientras se cuenta el cuento). Este recurso lo encontré en el blog renacuajos de infantil y no dudé en usarlo.

*Una moneda.

*Un lazo rojo.

*Una bolsita con horquillas (para poner los lazos).

Con este pequeño repertorio les conté el cuento de “La ratita presumida” de Charles Perrault. . ¡Qué bien se lo pasaron!

 “Caperucita Roja” -del mismo autor- vino unos días después,  con el lobo y la abuelita esperando para salir. Son peluches de Ikea y  les ha gustado mucho (se puede tragar a la abuela y a caperucita y después sacar por la barriga)

 Tengo que agredecer las fotos del momento del cuento a la seño Hermi que estaba en la biblioteca y nos  las hizo. De este tipo de actividades no suelo tener casi ninguna.

 Y la próxima vez…

¿Qué habrá dentro del maletín cuentero de la seño María?