BÚSQUEDA DEL TESORO. ¡POR FIN!

Ya nos hemos ganado este tesoro. Hemos recabado pruebas, hemos aprendido mucho sobre Extremadura y todas las pistas que hemos ido encontrando nos han llevado al día de ayer. Ha sido una mañana intensa, llena de pistas que encontrar,  pruebas que resolver y tesoros que hallar. Es difícil explicar con palabras la emoción con la que hemos vivido este recorrido. Ha habido de todo: ilusión, curiosidad, nerviosismo, miedo, cansancio, alegría…

Hemos visitado muchos lugares: la Judería, la Plaza de San Mateo, el Foro de los Balbos, la Plaza de Santa María y la Plaza de San Jorge y ha sido impresionante comprobar como reconocen lugares que seguro para ellos no eran del todo conocidos  hasta hace poco tiempo.

Y llegó el  momento en el que con la ayuda de la rama de olivo, el polvo de hada y nuestro conjuro comunitario hemos encontrado el ansiado tesoro.

Esto es lo que hemos encontrado detrás de la estatua de San Jorge: perlas, diamantes, esmeraldas, una copia de la Canción del Pirata de Espronceda que se perdió hace tiempo, un collar de la época romana, un collar de la época musulmana y un fósil.

Ahora solo nos queda mandar todo en una cajita al Museo Provincial para que lo analicen y comprueben si es verdadero o falso. Todos están muy seguros: “es verdadero, porque los diamantes brillan mucho”, je, je.

 

 

JUEGO DE PISTAS CANINAS

El viernes pasado realizamos un juego de pistas dentro y fuera de clase, aunque los peques le han llamado rescate, que es lo que hace la Patrulla Canina.

Para comenzar el juego tenían que ponerse sus escudos: el de la Patrulla y uno personalizado. Les quedaron muy bonitos.

Cada pareja tenía seis huellas de un color y un número correlativo del 1 al 6. De esta forma sabían las pistas que tenían que encontrar y en qué orden.

De igual manera cada pareja llevaba una bolsa con una barra de pegamento, un lápiz y una goma y lo más importante: un plano del pasillo del colegio y fotografías del patio desde diferentes ópticas con una señal en donde debían buscar las pistas.

Las pruebas no eran demasiado complicadas y cada pareja las tenían que hacer conforme las fuesen encontrando (dentro de los sobres de las pistas caninas). Por supuesto cada pareja tenía un orden diferente para no coincidir muchos niños en la misma prueba:

  • Ordenar diez números que estaban desordenados. Cada pareja de niños y niñas tenía una diferente en función de su madurez. Los había del 1 al 10, del 10 al 20, 20-30, 30-40, 40-50.
  • Encontrar y unir fotografías de perros a los que le faltaba la mitad de su cuerpo.
  • Unir unas palabras con su imagen y en algunos casos frases.
  • Completar una casita de descomposición numérica.
  • Realizar una serie de distinta complejidad.
  • Encontrar un objeto enterrado en el arenero (ésta era la última prueba que realizaban al finalizar las cinco restantes)

Lo más importante de este juego era comprobar la autonomía de cada pareja, su capacidad de orientación en el espacio  con la ayuda del plano y el  trabajo en equipo. Yo estaba de un lado para otro controlando que no hubiese problemas, pero eran ellos y ellas los que tenían que buscar, encontrar y resolver. Acudieron a mí muy pocas veces y la mayoría de ellos llegaron al final del recorrido con ninguna o poquísima ayuda.

El juego duró aproximadamente una hora y cuarto (la preparación del mismo bastante más) pero mereció verles con tanta ilusión y soltura. Estoy muy contenta con ellos y ellas.